lunes, mayo 28, 2012

La lluvia en Calcuta

Lo dicho. Un calor de muerte, y de repente, un ruido, un viento frío que arrasa con todo, y cae la lluvia. 20 minutos, y ya se puede salir a disfrutar del aire fresco. Esto es Calcuta.

Siento que el video este horizontal...no he sabido darle la vuelta...

domingo, mayo 27, 2012

Un taller de teatro de 5 meses y una obra de 1 hora

La andadura de mi primer taller de teatro empezó allá por enero, un día 14, con 7 estudiantes de los cuales solo tres llegaron hasta el final. A lo largo del camino, se fue sumando otra gente, mientras otros se marchaban, o iban y venían. Al final, quedó un grupo de 11 actores y actrices, los justos para representar la obra que, sin saberlo, eligieron ellos mismos.

Al principio, no había planeado representar ninguna obra en particular. Tenía en mente, como un sueño, hacer Historia de una escalera, pero me faltaban gente, medios y tiempo. Así que ojeando entre los libros de teatro que mis padres me trajeron en octubre, estaba Os vellos non deben namorarse, de Castelao. La recordaba como una obra sencillita y cómica. La releí, y me enamoré de la primera escena: daría mucho juego para representar en el taller, como una actividad más. La traduje al español y la llevé a clase. Les gustó tanto que querían leer más, así que al final, decidí que ese era el destino del taller: representar la obra de Castelao. Traduje casi toda la obra al español antes de darme cuenta de que no teníamos medios económicos, ni humanos, ni tiempo, para hacerla entera: tendríamos que contentarnos con el primer acto. Pero eso era un desafío más que suficiente.

Durante tres meses estuvimos leyendo en voz alta, entendiendo las palabras, las expresiones, a los personajes, a Galicia (sobre todo, a los pueblos de Galicia), la música gallega, las tradiciones universitarias, los vestidos típicos... Les hice dibujar a los personajes, y una vez que los repartí, imaginarse cómo había sido su vida, cómo era su día a día, qué habían hecho antes y después de cada escena en la que aparecían. Practicamos a andar, a hablar, a movernos como los españoles. Fue un trabajo muy duro, pero apasionante. Y descubrimos que "saia" significa "falda" tanto en gallego como en bengalí.

Os dejo con unos vídeos de uno de los últimos ensayos que hizo un alumno sin que yo me diera cuenta...






Al final, conseguimos reservar un auditorio, un técnico de la luz y otro del sonido, un maquillador, y comprar el vestuario necesario mínimo, imprimir los carteles, las invitaciones, las guías para los espectadores y publicitarnos, todo con 15000 rupias (al cambio actual, 214 euros). Apretándonos en todo el cinturón, yendo a lugares recónditos a imprimir por el precio más barato posible, y regateando con todos los vendedores.

Y por fin llegó el gran día, el 25 de mayo. El estreno. Ensayamos en el auditorio, comprobando que se oían los diálogos, reorganizamos el espacio, cambiamos algunas cosas a última hora, elegimos las luces...Y empezó a llegar la gente. Sobre todo alumnos de español, pero también profesores, como mi colega en la universidad la profesora Bhattarcharya, el profesor Mukherjee, o el otro profesor de Jadavpur University, el profesor Majumdar (el otro actuaba en la obra), que son unas de las eminencias del español en Calcuta, y sobre todo (sorprendentemente), profesores de francés. Y los familiares de los actores. Al final, unas 100 personas aplaudieron nuestra obra, a pesar de que el técnico de sonido nos falló y apenas se oía a los actores. No sé qué pasó, ni por qué no arregló nada, pero la técnica fue un desastre.

En cambio, puedo decir con orgullo que mis actores estaban estupendos. Al principio, me desesperaba: algunos hablaban muy bajito, otros se olvidaban continuamente sus líneas, otros no querían hacer su papel (sobre todo los cuatro chicos que tenían que hacer de cuatro hermanas, por la falta de mujeres en el taller), cantaban fatal (hay un númerito musical en la obra)....Pero al final, todo salió perfecto. La chica tímida habló y recordó todas sus líneas sin equivocarse (incluso salvó la obra cuando otra de las actrices, que siempre se sabía todo, se quedó en blanco y esta chica se lanzó a decir su siguiente línea sin esperar demasiado...), el que se olvidaba continuamente una de sus líneas, se acordó de todo (aunque se olvidó a cambio otras, pero más o menos improvisó, lo cual, en otro idioma, pues es muy difícil....), los cantantes cantaron perfectamente y sin perder la coordinación, y los chicos-hermanas se quitaron sus bigotes y se maquillaron, y parecían cuatro viejas solteronas de pueblo.

Y en una hora, se acabó todo. 5 meses de taller reducidos a apenas una hora sobre el escenario. Pero fue emoción suficiente....Aunque me ha dejado con ganas de más. A veces creo que soy masoquista.

Os dejo con algunas fotos:


Lela coquetea con el viejo farmacéutico don Saturio


Don Saturio, enamorado, recuerda las canciones que tocaba con sus compañeros en la tuna universitaria de Santiago de Compostela


Los fantasmas de sus amigos de la tuna vuelven a cantar "Están as nubes chorando...."


La Muerte, disfrazada de mendigo, visita la farmacia de don Saturio para insinuarle que su muerte está cerca


Don Saturio, pensativo, intentando entender lo que para él significa lo que le dice el mendigo


Las mujeres del pueblo cotillean sobre la boda de Lela con su novio el Carabinero


La Muerte se presenta sin disfraz en la farmacia de don Saturio, para llevarse su vida.


La Muerte arrebata el último aliento de don Saturio, que se ha suicidado con veneno de su propia farmacia


Las cuatro hermanas de don Saturio, cuatro viejas solteronas, lloran desconsoladas la muerte de su único hermano y sustento.


Los actores, antes de empezar


Al terminar la obra, fuera del auditorio, con el cartel de fondo.

miércoles, mayo 23, 2012

Estreno teatral de Los viejos no deben enamorarse en Calcuta


25 de mayo del 2012. Tiene lugar el segundo estreno de una obra de teatro en español en Calcuta, por el grupo de teatro "Locosomos". Un grupo de actores aficionados que, llevados por su pasión por el español y el teatro, se esfuerzan por llevar adelante producciones teatrales en Calcuta. Ellos, y la lectora de español...

..que en esta ocasión, soy yo. 

Nunca imaginé que acabaría dirigiendo una obra de teatro alguna vez (aunque soñaba con ello allá en el colegio, cuando actuaba en inglés en obras de Shakespeare, pensando que dirigir era mucho más interesante). Y lo es, al menos para mí, ha sido una experiencia maravillosa. Eso sí, agotadora y llena de imprevistos. Hasta he traducido la obra del gallego al español para poder realizar esta representación. Aunque solo haremos el primer acto (por falta de medios, económicos y humanos, y por falta de tiempo), estoy segura de que no será la última vez que representemos esta obra, quizá completa la próxima vez.

Hoy tenemos el último ensayo. ¡Qué nervios!

viernes, mayo 18, 2012

Satyamev Jayate, el show que está causando sensación en la televisión india

Si estáis familiarizados con las películas de Bollywood, os sonará el nombre de Aamir Khan. También os sonará (esto es más probable) que India tiene serios problemas, sobre todo sociales, sobre todo con las mujeres (aunque hay de todo). Seguramente hayáis oído hablar del aborto de niñas no nacidas, de la pobreza, de la marginación social por las castas, etc.

Ahora, ¿qué tiene que ver una superestrella de Bollywood con todos estos problemas de India? ¿Es que ha montado una ONG?
No, ha hecho algo más interesante, y más directo: ha montado un programa de televisión. Un programa de televisión en el que, tras una investigación, hablan de todos estos temas tan polémicos, que se conocen pero de los que no se habla abiertamente. Muestran videos, entrevistan a gente, informan a la población de la seriedad de estos problemas, y sobre todo, de que está mal que las cosas estén así y que hay que cambiar.

Aamir Khan no es un actor que me guste mucho (me parece que sobreactúa un montón), pero tiene una película enternecedora, Taare zamen par, que en el fondo es un poco como este programa: es una película que llama la atención a los padres sobre la excesiva presión que ponen a sus hijos en los estudios "serios" (ciencias, economía, etc., que no tienen por qué ser la preferencia de sus hijos), y en el problema de la dislexia, no como un "es que mi hijo es tonto, no puede leer", sino como un problema que se puede solventar con paciencia y esfuerzo.

Con este ánimo educador y transformador, ha hecho este programa, Satyamev Jayate (que significa "la verdad vence"), y además lo ha puesto en antena en canales privado, públicos, en todos los estados, los domingos a las 11 de la mañana, cuando la familia entera está en casa descansando, viendo la tele, y lo ha hecho en hindi pero subtitulado o doblado a todos los idiomas regionales, incluso en inglés. Y hasta lo ha subido a Youtube, el programa entero, para que no quede nadie que no pueda verlo y enterarse de lo que tiene que decir.

Y yo voy a hacer lo propio dejándoos el primer episodio: sobre el aborto de niñas. El segundo es sobre el abuso infantil. ¿Qué nos depararán los 11 capítulos que quedan? Sin duda, algo interesante...


Como creo que en Youtube no se pueden poner los subtítulos, os paso el link de su página web, donde si se puede ver el programa con los subtítulos en inglés (o en bengalí... ;) )

jueves, mayo 17, 2012

¿Por qué los profesores de español huyen de Bangalore?

Hace dos días descubrí, por razones que no vienen al caso, un blog de una chica que estuvo de profesora de español en Bangalore después de mí en la otra academia de la ciudad, IFlac. Leer sus experiencias, anécdotas, impresiones, me hizo recordar mi experiencia enseñando allí, sentir de nuevo que no he sido, ni seré, la única que ha disfrutado/sufrido (aunque no necesariamente por este orden) de la experiencia de enseñar en Bangalore. Porque enseñar allí y enseñar en Calcuta no se parece en nada...aunque hay algunas cosillas similares.

Ella, y yo, y todos los españoles que se han ido a Bangalore a enseñar, fuera donde fuera, hemos sufrido lo indecible con la desorganización, la desinformación, el desprecio por nuestro trabajo, y la cantidad de cosas absurdas que nos han hecho hacer sin razón alguna. Con todo, creo que puedo decir que mi vida fue más fácil que la suya: empecé teniendo una casa en la que funcionaba todo (sí, en la cocina había una plaga de cucarachas, la lavadora inundaba el salón, había apagones de luz constantes y cortes de agua regulares, mi habitación tenía una miniventana y no circulaba el aire, y no había internet, pero al menos el frigorífico funcionaba aunque estaba hecho un asco y el congelador atrapaba todo lo que dejabas allí en hielo...) y pude registrarme sin demasiados problemas en la FRRO (después de llorarle al jefecillo del despacho de cristal, eso sí, pero solo tuve que ir dos veces, vamos, un récord, y no tuve que sobornar a nadie).

Pero como ella, y como todos, trabajaba 40 horas o más a la semana (una semana hice 60...), pero me pagaban las horas extras, aunque siempre después de requejarme y requejarme, tarde y mal, pero me pagaban (poco). Como a ella, y como a todos, me abrían cursos sin avisar y me cambiaban otros que había preparado, de repente hacía una sustitución de la que me habían avisado con una hora de antelación, ordenaba un material que nadie iba a usar y que a nadie le importaba, preparaba cosas que luego se quedaban en esas carpetas cogiendo polvo, tenía que pasar horas inútiles haciendo cualquier cosa (leyendo, mirando facebook, escuchando música....) en la academia cuando ya no tenía nada que hacer allí, perdiendo mi tiempo y las ganas de trabajar. Me enviaban a la otra punta de la ciudad a entregar libros para un curso que nunca se abrió del todo en una empresa en la que nadie pagó nada, y me negaban días libres mientras veía mis fines de semana tragados por 6 o 9 horas de clase seguidas sin que a nadie le preocupase si había comido algo o no. 

Los profesores de español duramos poco en Bangalore. Creo que el record está en 10 meses, y no fui yo. Los empresarios (de la nacionalidad que sea) parece que se piensan que por trabajar en India vamos a olvidar los derechos laborales o la claridad administrativa y organizativa que traemos impresa en nuesta mente por nuestra cultura europea, pero claramente se equivocan: por eso no dura nadie. Organiza las cosas claramente, informa a los profesores a su debido tiempo, no racanees la ayuda que tanto necesitamos perdidos como estamos en otra cultura a 8000 km de todo lo que conocemos y de todos los que conocemos, permítenos relajarnos y recuperar fuerzas y el ánimo después de tanta frustración (y tanto calor), y nos quedaríamos. Pero no sé por qué razón les cuesta ver algo tan sencillo, cuando todos los profesores que han tenido tienen las mismas quejas. Años y años y todo sigue igual... Así el negocio no mejora.

¿Qué es lo mejor de Bangalore? Los alumnos y la ciudad, aún con sus cosas: alumnos que no hacen los deberes, una ciudad sin aceras en la que no se puede andar, rickshawallas que intentan timarme porque tu color de piel es más claro que el suyo (si les enseñáramos nuestro cheque, dejarían de hacerlo...), su toque de queda. Pero los alumnos se preocupan más por ti que tus jefes, ellos aprecian tu trabajo cuando en la oficina a todo el mundo le da igual lo que hagas, mientras estés tus horas sentada allí calentando la silla, y en la ciudad hay gente interesante que tiene mucho que ofrecer, que enseñarte, y puedes hacer amigos (de la nacionalidad que sea), compartir una cervecilla en un bar, escuchando buena música, y una buena charla, así es como poco a poco compartes una vida.

Al final, todos nos quedamos con la misma impresión: jamás volveríamos a trabajar en Bangalore, pero podríamos vivir allí... Ahora cada vez que vuelvo a Bangalore solo veo lo bueno. Y estando en Calcuta a 40 grados desde hace cinco días, al recordar Bangalore solo veo lo bueno...por suerte para mí.

martes, mayo 15, 2012

Aro Banglay gaan

Sí, se supone que debo terminar de contar mi viaje a Assam, se supone que debo contar cosas de mi día a día que es preparar exámenes y preparar la representación de Los viejos no deben enamorarse que tengo la semana que viene, pero he descubierto algo que no puedo no compartir.
Música.
No sé, pero me gusta más la música moderna en bengalí hecha en Bangladesh que la hecha en Bengala Occidental. Tanto Arnab, del que ya he puesto un post (y que me encanta), como este nuevo grupo del que voy a hablar hoy, son de Bangladesh.

Este grupo recién descubierto por pura chiripa, se llama, precisamente, Bangla. Y no os lo vais a creer, pero el mismo Arnab del que hablaba antes es el guitarrista (!!!) ... Al parecer tiene su proyecto en solitario y su proyecto en grupo. Pero aunque su voz es increíble, en Bangla la que canta es Anusheh, que tiene una voz profunda (a diferencia de las voces superagudas de las cantantes indias que cantan en Bollywood, que podrían romper cristales con esos chillidos que dan, al menos a mí me rompen los tímpanos), una voz que no tiene nada que envidiar a la de mi cantante favorita, Janis Joplin. Y además, el toque psicodélico de algunas de las canciones de Bangla quedan muy Woodstock...

Los descubrí ayer mismo por un post en Facebook (para que luego digan que no vale para nada) de una amiga bengalí. Esta es la canción:


Esta canción tiene un tema religioso musulmán (recordemos que Bangladesh antes era Pakistán Oriental), pero con esa música cualquiera lo diría....

Aquí os dejo su estupendo disco para escuchar online en Grooveshark...yo en cuanto pueda me lo compro.



sábado, mayo 12, 2012

Asombroso Assam II

Al segundo día, Afreen nos preparó un desayuno de té con galletas y roti (pan) con habichuelas (que no pude comerme...no por la mañana) y un poco de mango, especialmente para nosotras las huéspedes, como oí quejarse al hermano mediano, que no tenía ganas de comerse aquello tampoco, normalmente solo desayunaban té con galletas. Yo me sentí un poco mal y me comí uno de los rotis, pero no las habichuelas: pero yo no era la única que se sentía incapaz de tragarse aquello así de pronto por la mañana.

Salimos enseguida en coche a Kamakhya Mandir, el templo hindú más importante de la zona, que está en una colina no muy lejos de Guwahati. El nombre "Kamakhya" (pronunciése "kamakka") es el apodo de una diosa (Sakti), y significa "la que concede los deseos". El templo es muy antiguo pero tuvo que ser reconstruido en el siglo 17th, y renovados varias veces posteriormente. 

La historia dice que Sati (o Shakti, o Parvati), esposa de Shiva, tras una pelea con su padre al que le disgustaba Shiva, no pudo soportar la humillación y se lanzó al fuego, en casa de su padre. Shiva se enteró de esto (es un dios, por eso se enteró tan pronto) e inmediatamente fue a casa de su suegro, pero Sati ya esta muerta. Shiva se puso furioso y empezó a bailar, que es la manera en la que destruye el mundo (Shiva es el "destructo" del trío principial de dioses hindús). Pero Vishnu (que es el dios que preserva las cosas) llegó para calmarle y evitar que Shiva destruyera el mundo. Pero para entonces ya había destruido el cuerpo de su mujer en pedacitos, que cayeron en diferentes lugares de India. En cada lugar se ha erigido un templo sagrado. En Kolkata cayó un dedo del pie de Sati, donde hoy en día está el templo de Kalighat. Y en la colina de Kamagiri, donde está el templo de Kamakhya, cayó la vagina de Sati.


En el templo no hay una imagen de la diosa, sino un "yoni" de piedra que está situado justo encima de un manantial de manera que es una especie de fuente. 

El yoni representa precisamente, una vagina
El yoni y el lingam son el típico símbolo de Shiva y su esposa y están por todas partes, en
los pequeños templillos de las calles y en los grandes, para los devotos del dios.
En el templo siempre hay una cola inmensa de personas, familias enteras, que vienen a rezar. Hay que dejar los zapatos en alguna de las tiendas de la entrada, que venden todo tipo de ofrendas e imágenes de diversos dioses. En el templo, por el que las vacas y las cabras vagan a placer, los hindúes vienen a casarse, realizar ceremonias con los niños pequeños (después de la primera comida sólida, después del primer corte de pelo, etc.), a rezar por tener hijos, un buen matrimonio, éxito en los negocios, prácticamente cualquier cosa. Para eso es la diosa que "concede los deseos". 

Campanas en Kamakhya Mandir

Las vistas desde Kamagiri: esto no es Guwahati, sino el áera rural que la rodea.
Después de Kamakhya, cambiamos las colinas por la orilla del río: en el Brahmaputra, a la altura de Guwahati, está la isla más pequeña del río, donde se encuentra el templo de Umananda, también dedicado a (una de las formas de) Shiva. Cuando llegamos a la orilla, al ver a dos extranjeras, a los barqueros se les hacía la boca agua pensando en cuánto dinero podían sacarnos, y nos pedían 700 rupias por cruzar el río hasta la isla, para 5 personas, ida y vuelta. Una pasta. 70 rupias cada viaje. Leyendo mi guía, decía que en el ferry del gobierno el viaje costaba 10 rupias, así que se lo dijimos a los barqueros. Enseguida nos respondieron diciendo que el ferry del gobierno no funcionaba. Pero nosotros no les creímos y nos acercamos al puesto del ferry, mientras ellos seguían detraś de nosotros bajando el precio. Ahora 500 rupias, luego 450...El puesto del ferry estaba efectivamente cerrado, aunque el barco estaba allí, pero al otro lado había otro ferry. Nos empezamos a acercar, pero los barqueros nos perseguían bajando cada vez más el precio: 350...200 rupias. 200 rupias significa 20 rupias por cada viaje por persona: que es el precio real que cuesta el viaje en las barquitas. Así que dejamos de caminar hacia el otro ferry (que por otra parte, llevaba media hora sin moverse, con lo que empecé a sospechar que tampoco funcionaba) para ir hacia la isla en unas barquitas de madera donde había que sentarse con cuidado de no echar a perder el equilibrio del barco.

Ir a la isla es bonito, pero el templo no tiene nada interesante. Es un buen sitio para un picnic, o lo sería, si no hubiera monos a la vista...

En las orillas de la isla

Viajeros en la barquita

Barcas atracadas a la espera de volver a Guwahati
Los Ghats de Guwahati desde la barca
Después del viaje tuvimos una tarde de visita familiar: los primos y sus hijos vinieron a vernos y a tomar té con nosotros, deseosos de conocer a las extranjeras. Nos invitaron a ir a su casa al día siguiente y cualquier otro día, cosa que cumplimos justo el día antes de volver a Bengala Occidental. 

Ya hacia la noche fuimos al mercado de verduras y frutas que hay dos días a la semana en el barrio, para comprar provisiones para un regimiento. Tuvimos que dejar la bolsa a mitad de camino y volver al mercado con ella vacía para poder seguir cargando... Afreen me iba señalando las cosas preguntándome si sabía el nombre, o a veces cómo se llamaba tal o cual verdura en inglés. Pero lo encantador fue que pasamos todo el rato buscando una sola cosa: paneer (queso fresco que se cocina en la cocina india), para hacer un plato con proteína que yo pudiera comer, siendo la única vegetariana de la casa. Pero no todo era para mí, al día siguiente, fueron a comprar ternera para agasajar a Clo, en lugar del pollo que comen normalmente.

En el mercado también había unas tiendas de artesanía de mimbre, que parece ser la especialidad de la zona, y compré dos abanicos como recuerdo. Totalmente distintos de los abanicos españoles. 


Sujetándolos por el mango, los haces girar para dar aire. La verdad es que prefiero el abanico español, pero con el calor que hace en India en verano (aunque en Assam sea menos), cualquier tipo de abanico es bienvenido...

sábado, mayo 05, 2012

Asombroso Assam I

Salimos el jueves 26 de mayo, en realidad en la madrugada del viernes 27, desde Haorah en un tren que, a pesar de salir de Haorah y no venir de otra estación, llegó -sí, habéis leído bien, "LLEGÓ"- tarde a la estación una hora, y salió tarde también. Acumulando retrasos, al final llegamos a New Jalpaiguri pasadas las 12 de la mañana, tras más de 11 horas en tren. 

New Jalpaiguri es la estación más grande del norte de West Bengal: y es simplemente eso, una estación de tren muy grande. Una estación de tren, una explanada llena de puestos de té y rickshaws motorizados (autorickshaws), rickshaws de bicicleta o a pie, y una especie de rickshaw camionetas que pueden llevar hasta 10 o 12 personas (dependiendo de lo dispuestas que estén a apretujarse), y por fin, una linea de restaurantes polvorientos y tienduchas de tabaco, refrescos y "agencias de viajes" aún más polvorientas. Un paraje desolador. Por "desgracia", no sé dónde metí mi parte de la Lonely Planet sobre Darjeeling, así que no me la pude llevar al viaje, y no teníamos ninguna información sobre New Jalpaiguri o Silguri, la ciudad más cercana, a partir de donde se coge un bus o un jeep compartido hacia Darjeeling. Así que perdidísimas, decidimos preguntar. 

Chapurreando bangla y sonriendo mucho llegamos a la conclusión de que en las 8 horas aproximadas que teníamos en New Jalpaiguri no podiamos acercarnos a Darjeeling y volver. Nos limitamos a acercarnos a Silguri, que está como a una media hora de la estación de tren a través de unas carreteras que no es que estén llenas de agujeros y gravilla suelta, es que es una tira de agujeros y gravilla suelta con un poco de asfalto aquí y allá. 

Al principio, como extranjeras, nos quería cobrar una pasta por ir Silguri, cuando nuestra experiencia nos decía que semejante precio era imposible, encontramos a un bengalí al que le encantó nuestro bangla (aunque Darjeeling esté en West Bengal, como decía en la entrada anterior, aquí en realidad no son bengalíes, y hay muchas comunidades diferentes, sobre todo nepalíes que no hablan bangla sino nepalí, pero también marwaris y biharis, que hablan hindi), enseguida habló con un conductor para que nos cobrase la tarifa real: 20 rupias. Nos preguntaron donde aprendimos bangla y cuando contestamos que vivíamos en Calcuta ya los teníamos en el bote y dejaron de mirarnos como turistas-sacos de dinero.

Aunque les habíamos pedido que nos llevaran a la zona de mercado central, por error nos llevaron a un centro comercial que tenía el nombre de "City Center" (y claro, cuando nosotros dijimos que queríamos ir al centro de la ciudad, entendieron que queríamos ir al centro comercial este....), pero al final no fue tan malo: en el centro comercial había baños limpios y amplios donde pudimos lavarnos bien y cambiarnos de ropa, respirar un poco, descansar en el jardín, y hasta fuimos a ver una peli de Bollywood (malísima) para matar el tiempo.

Luego volvimos al que. esta vez sí, era la zona del mercado de Silguri: mis sandalias se rompieron después de un año usándolas un día si y otro también, y me negaba a pagar 1000 rupias en el centro comercial por algo que en el mercado me costó 300. También probamos algunos snacks callejeros, regateamos, compramos telas, fruta (unos mangos deliciosos) y cenamos comida tibetana en la calle (momos de vegetales y paneer, 10 rupias 5 piezas. Para que os hagáis una idea, en Calcuta no los hay con paneer y valen, los más baratos, 12 rupias en la calle, pero en un restaurante, cuestan desde 45 rupias en adelante). Para que sepáis de qué estoy hablando, la foto:


Volvimos a New Jalpaiguri para esperar otras tres largas horas a nuestro tren nocturno. Sin nada que hacer, decidimos sacar la baraja y jugar a las cartas. Yo había llevado mi baraja española y Clo, la francesa. Ya había enseñado a Clo a jugar a la escoba, pero ahora le enseñé mi juego favorito: el chinchón. Nos pasamos horas jugando. Poco a poco, algunos hombres empezaron a situarse a nuestro alrededor mirando nuestro juego, curiosos. Es normal en India ver a grupos de hombres a cualquier hora y cualquier día de la semana, sentados en la calle, en el suelo, jugando a las cartas con una baraja como la francesa; pero mujeres, mujeres no se ven. Las mujeres no juegan a las cartas. Las cartas están mal vistas porque se relacionan con el juego y las apuestas, aunque nosotras claramente estábamos jugando sin dinero por medio. Al final, cuando nos dimos cuenta, había unos 20 hombres rodeandonos, comentando nuestro juego, haciendo preguntas sobre la baraja (que era la mía española, y claro, no habían visto una así en su vida). Como había MUCHOS mosquitos, yo los asustaba intermitentemente con mi abanico (que tampoco habían visto en su vida). Al final uno de los hombres me lo cogió y empezó a abanicarnos él para que pudieramos jugar a las cartas tranquilamente. Acabamos por enseñarles con detalle la baraja y el juego del chinchón, mezlcando bangla con inglés, y entre ellos se explicaban las cosas unos a los otros, y hasta hicimos algunas partidas de prueba. Así que si algún día vais por New Jalpaiguri y veis a indios jugando al chinchón, ya sabéis a quién echarle la culpa....


Por fin cogimos nuestro tren, después de despedirnos de nuestros alumnos tahúres, para pasar otras 9 horas mecidas por el traqueteo del tren, hasta Guwahati. 9 horas que se convirtieron en 11 o así, porque volvimos a llegar al menos dos horas tarde: cuando llegamos a Guwahati ya no era la mañana sino pasado el mediodía.

Fuimos primero a ver los hoteles de mi guía, la Lonely, pero los precios en Assam han subido casi el triple en tres años, y la guía estaba muy desactualizada al respecto. Además, estaba todo completo. Los hoteles de la guía y los que no estaban en la guía: y no por los turistas, sino por los indios. Al parecer, había unos examenes estatales, como unas oposiciones, en Assam ese fin de semana, y estaba todo Guwahati lleno hasta los topes con los candidatos y sus familias. Pateamos dos barrios, preguntando en varios hoteles, en los que nada más vernos entrar por la puerta nos decían: "FULL", "NO ROOM" "KALI ROOM NEI" (no hay habitaciones libres). Clo desconfiaba: creía que era porque como somos extranjeras tienen que hacer más papeleo y registrarnos en la comisaría de policía más cercana y querían ahorrarse los trámites (al parecer a ella le pasó esto en Kerala una vez). Yo le decía que no, que efectivamente, había mucha gente joven, y hasta familias, pasando de puerta en puerta de cada hotel sin coseguir nada tampoco, así que no era problema nos llevaron nuestro por ser extranjeras...

Acabamos hartas, sentadas en unas escaleras en una esquinilla, a la sombra, a matar el tiempo pensando que hacer. Un viejecillo que habíamos conocido en uno de los hoteles pasó por delante, nos saludó, y nos preguntó si habíamos conseguido habitación. Clo  le dijo que no, que íbamos a dormir en aquellas escaleras, y el hombre realmente se creyó que hablaba en serio y se asustó: enseguida nos dijo que no, que no se nos ocurriera hacer eso, que fuéramos a la estación de tren a dormir en la Waiting Room. Y por un momento, Clo también se pensó eso en serio....

Pero al final Clo llamó a su amigo, que todavía no había llegado a Assam para la fiesta, el amigo llamó a su vez a otro amigo, que sí vivía en Guwahati, y al cabo de una hora este vino con su hermano mayor a buscarnos en coche a aquellas escaleras donde esperábamos. Syed (el amigo del amigo) y Arif (el hermano mayor) enseguida nos llevaron a su casa: la mala suerte de no encontrar habitación de hotel se convirtió en la buena suerte de poder quedarnos en casa de una familia asamesa, en lo que iba a ser una experiencia cultural y personal interesante. Nada mejor para conocer un lugar que rodearse de gente natural de ese lugar. 

Allí conocimos al otro hermano, el mediano, Asif, y a la esposa del hermano mayor, Afreen, y a la madre de los tres chicos, a la que todos llamaban Ma. Eran musulmanes, y después de vivir con ellos cinco días, cada vez estoy más convencida de que los medios de "información" son unos medios de "prejuiciación", aunque soy fiel a mi lema de que "hay de todo en todas partes", malas y buenas hierbas. Pero lo que esta familia hizo por nosotras, dos auténticas desconocidas (la única conexión es que Clo había enseñado en la universidad de Tamil Nadu donde el amigo de Syed había estudiado y conocido a Clo), no lo haría ninguna familia española y católica. Ni siquiera la mía.

Lo primero que hicieron fue dejarnos una habitación para relajarnos, descansar, deshacer nuestras mochilas. Inmediatamente teníamos té y dulces listos en la mesa, y nos duchamos para relajarnos, quitarnos el sudor y cambiarnos de ropa. Después de comer, Syed y Asif nos llevaron a pasear por la orilla del Brahmaputra, uno de los ríos sagrados de India, que nace en el Tíbet y desmboca en la Bahía de Bengal en Bangladesh. Es el único río indio con un nombre masculino, como nos señalaron los hermanos, que a pesar de ser musulmanes estaban bien versados en la tradición cultural hindú y sabían de todo y podían explicarlo.


El té y los dulces, que no pueden faltar como bienvenida a una casa india.


Después de ducharnos y cambiarnos de ropa, la sopresa: un lorito que baila y canta. Mi cara de sopresa lo dice todo...


Y la comida con la familia (tías y sobrinas y primas) que habían venido a ver a las extranjeras. Primero comimos nosotras, las huéspedes, y luego comió la familia de la casa. Todo por Afreen y Ma.



Atardecer en el Brahmaputra

Cansadas como estábamos, aún así nos llevaron a un museo de arte tradicional y cultura de Assam, donde vimos una exposición de máscaras que usan (o usaban) en un teatro tradicional, con héroes y monstruos de la literatura india (sobre todo del Ramayana), también los utensilios de mimbre, que son super típicos de Assam, así como tallas de madera, telas de algodón y lana, y ropas tradicionales. Por fin, volvimos a casa para cenar una buena cena familiar, con arroz, lentejas, verduras variadas, algo de carne para los carnívoros, y chili. Y un encurtido de bambú y chili que me ha robado el alma, y es una de mis cosas favoritas de la comida india ahora. Todo cocinado por Afreen, que tiene unas manos mágicas.

Y tras charlar con más té hasta las tantas, mirando de cuando en cuando un partido de cricket en la tele, por fin nos fuimos a dormir en la habitación principal, con la madre, y con mosquitera. Porque algo malo tiene Assam: la cantidad ingente de mosquitos que viven de tu sangre!!

Más por venir.

Asombroso Assam

Hace unas cuantas entradas hablaba de unas deseadas vacaciones. Y las tuve, unas vacaciones maravillosas y distintas de todas las vacaciones que he tenido nunca hasta ahora. Todo, además, de una manera improvisada, inesperada, totalmente arbitraria.

Y es que a veces, una tiene suerte.

Desde que llegamos a Calcuta y nos conocimos, Clo y yo hemos fantaseado con viajar a Darjeeling, uno de los lugares más famosos de India (que a mi me fascinaba porque acababa de ver la peli de Darjeeling Limited, y me había enamorado de los paisajes y del trenecito....y de la música de la peli, de paso). Por fin íbamos a cumplir nuestro sueño, y planeamos el viaje de Darjeeling con más antelación  (aunque no demasiada) que nuestro viaje a Orissa. Compramos los billetes de tren con tiempo, conseguimos confirmar el billete sin ayuda externa, miramos la guía, miramos información en internet, preguntamos a conocidos y amigos que ya habían estado allí...Pero como siempre, no reservamos ningún hotel porque nos gustar ir un poco con libertad, y además hay que ver los sitios. No es temporada alta (empieza el monzón ahora), así que no pensamos que fuera a haber ningún problema.

Y de alojamiento, pues seguramente no hubo ninguno. Pero nunca lo sabremos, porque lo que hubo fueron otros problemas: problemas políticos en Darjeeling (una región conflictiva porque hay varias comunidades viviendo allí y ninguna es bengalí, y quieren independizarse de Bengala Occidental, o al menos conseguir cierta autonomía). El caso es que la nueva jefa de gobierno de Bengala Occidental, Mamata Banerjee, que no brilla por su actitud dialogante y conciliadora, prohibió a un grupo de Darjeeling reunirse para discutir unos planes de adherirse a un territorio que ya disfruta de cierta autonomía, y el grupo, furioso porque no podían ni reunirse siquiera, empezaron a manifestarse, convocaron una huelga inmediata que duró dos días y se paró uno, el jueves, a la espera de que el gobierno les permitiese realizar la reunión, como una pequeña tregua, pero amenazando con volver a una huelga indefinida si les negaban el derecho a reunirse.

Clo y yo teníamos el billete justo para el jueves por la noche: es decir, que no nos enteraríamos de si habría huelga o no en Darjeeling (con la consiguiente paralización de los transportes, y todas las tiendas cerradas, iba a ser imposible siquiera llegar a Darjeeling desde la estación de tren más cercana) hasta el mismísimo viernes por la mañana. Si al final no había huelga, perfecto, no pasaba nada, pero...¿y si había huelga? Habríamos ido hasta allí para nada.

En vista de ese panorama, Clo recordó que un amigo suyo de Chennai, pero que era originario de Assam, la había invitado a una fiesta la primera semana de mayo, en Guwahati, la ciudad principal de Assam. Llamamos al chico y la invitación seguía en pie: al parecer era tanto el cumpleaños de un amigo de este chico, como una reunión de antiguos alumnos y profesores del colegio al que fueron juntos. Así que como para ir a Assam hay que pasar por Darjeeling (bueno, por New Jalpaiguri, que es la estación de tren principal de la zona), decidimos comprar otros dos billetes que nos llevaran desde New Jalpaiguri hasta Guwahati.  

 Bengala Occidental: Darjeeling al norte                                    Assam

Coger dos billetes en lugar de cancelar los otros dos y hacer un viaje directo desde Kolkata a Guwahati,  a veces nos pareció desafortunado, pero en el fondo creo que no fue mala idea. Muchas cosas en este viaje parecían desafortunadas al principio, pero luego demostraron ser lo contrario. Desde lo del viaje cancelado in extremis a Darjeeling, que nos abrió la oportunidad de visitar Assam. Si no llega a ser porque Mamata Banerjee no dejó reunirse a aquel grupo político, nunca hubiera ido a Assam ni hubiera tenido una de las vacaciones más especiales de mi vida. Así que gracias, señora Banerjee....

Os dejo con unas fotillos de aperitivo.


Las orillas del río Brahmaputra, en Guwahati, Assam.


Kamakhya Mandir (pronúnciese "kamakka"), a unos 8 kilómetros de Guwahati, con una historia curiosa, cuanto menos.


De izquierda a derecha: Arif, Asif, Ma y Syed. La familia que nos acogió como si fuéramos sus hijas (aunque falta Afreen, la nuera)


Clo, Afreen y yo

Más, en otra entradita, mañana. Que hay que dormir...

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